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Excavaciones de 1981: un desastre arqueológico provocado para enterrar el Lucus Asturum ubicado en Lugo de Llanera

Las Crónicas de un Luggón - Tras las huellas de LUCUS ASTURUM (III parte)

Publicado el 19/09/2018
El tapin Excavaciones de 1981: un desastre arqueológico provocado para enterrar el Lucus Asturum ubicado en Lugo de Llanera

Transcurridos 37 años desde el agosto de 1981 a este agosto de 2018 (81 y 18, curiosa coincidencia cronológica inversa), a uno sigue pareciéndole que la campaña arqueológica de aquel año a la búsqueda de los restos posibles de Lucus Asturum en Lugo de Llanera, auspiciada por la Universidad de Oviedo, fue una pantomima protagonizada por algunos historiadores y arqueólogos que tenían poco interés en descubrir la verdad. Por eso las excavaciones de 1981 fueron un desastre y dejaron muchas incógnitas sin resolver. Hubo además mucha ocultación y extravío de información arqueológica y ni siquiera se redactó la memoria de la campaña. Salvo el estudio que por su cuenta hizo de la ‘terra sigillata’ hallada el entonces licenciado en Historia Armando Fernández, participante en la campaña, para la realización de su tesis doctoral, con el que demostró habitación romana en Lugo en el año 70, no hubo más.

Las excavaciones en Lugo de Llanera durante esa época del pasado siglo tenía que haberlas hecho probablemente el historiador y arqueólogo Vicente José González, que fue quien pidió permiso oficial. Pero no llegó a excavar y otros “usurparon” su idea.

Los que excavaron finalmente parece ser que “plagiaron” de tan mala manera la idea del profesor González que abrieron las catas prospectoras en el sitio equivocado, es decir, en el solar de la antigua casa rectoral. Por contra, Vicente José González sí sabe donde está Lucus, como me demostró documentalmente hace mucho tiempo, y ahora, con 93 años, si bien y lamentablemente sus facultades mentales están mermadas la heredera de ese conocimiento es su hija, la historiadora Belén González, y, de alguna manera, puedo decir que yo también tengo cierta idea de la ubicación bajo tierra de la otrara ‘civitas’, pues en una ocasión conversando con él en su casa le mostré una fotografía aérea en la que yo había acotado 65.000 metros cuadrados fuera del solar de la antigua parroquial, y dentro de ellos una zona muy específica. Si bien el profesor González no me dijo ni que sí ni que no era el sitio indicado, no obstante me esbozó una sonrisa cómplice que para mi fue suficiente indicio de que yo no estaba equivocado en mi apreciación.

Los que sí excavaron en el sitio equivocado durante julio y agosto de 1981 fueron un equipo de profesores, licenciados y estudiantes de Historia de la Universidad de Oviedo bajo la mirada del catedrático de Medieval Julio Mangas y bajo la dirección sobre el terreno del entonces magistral de la catedral de Oviedo y experto arqueólogo mediavalista Emilio Olábarri. Allí estuvieron también el profesor Javier Fernández Conde y el promotor de las excavaciones con financiación de Cajastur, Ramón Cavanilles Navia-Osorio.

Entrevisté a Olábarri, Fernández Conde y Ramón Cavanilles, que era el único  de los tres que creía que allí podían estar los restos de una basílica previa a la sede episcopal de Oviedo. Eso pareció confirmarse cuando se hallaron los cimientos de esa presunta basílica nada más iniciarse las excavaciones. Sin embargo, no se les dió la debida importancia, y, concluidas la excavaciones, fue abandonado el hallazgo hasta su desaparición años más tarde, pues, entre otras cosas, muchas piedras de este muro de cimentación (se reproducen fotografías que hice en 1981) fueron sustraídas por vecinos de Lugo y están, o estuvieron, en su propiedad.

La incuria se apoderó además de dos enterramientos altomedievales hallados en la cata A: dos tumbas de piedra orientadas de Este a Oeste (“un enterramiento prerromano”, según dijo Emilio Olábarri) que contenían los esqueletos de dos mujeres de 1,80 m. de altura. Finalizada la campaña fueron cubiertos con plásticos y años después desaparecieron. Algún vecino de Lugo se jactaba de tener en su casa una de las calaveras.

Los excavadores tampoco le dieron importancia a restos de hornos de fundición de cobre hallados en la cata C. Según se dijo entonces, el mineral básico podría proceder de extracciones en la falda del monte Naranco (Villaperi) y ser transformado en Lucus, lo que le daría al lugar el rango de incipiente industria metalúrgica. También se vieron, (de ello, como de lo anterior, he dado cumplida noticia en medios informativos), varias cajas de madera (cuyo paradero aún hoy sigue siendo un misterio) con restos arqueológicos extraídos en las catas excavadas.

También estuve presente cuando se descubrió en la cata C una presunta lauda sepulcral, según indicaron entonces los arqueólogos; momento que se atestigua aquí mediante dos fotografías de no muy buena calidad pero que son el único testimonio gráfico existente. Dijeron ‘in situ’ que esa pieza, al presentar en el frontal dos leones gemelos, podría relacionarse con la Legio VII Gémina Félix de Augusto asentada en León, tal vez con un destacamento de ella de guarnición en Lucus-Lugo. No obstante, la pieza durmió el sueño de los injustos muchos años abandonada en los almacenes del viejo museo arqueológico, como pude comprobar siendo directora Matilde Escortell.

Ahora está en las nuevas instalaciones museísticas, después de que Olábarri la hubiera estudiado muy tardíamente en relación con su hallazgo. Su estudio, “Lápida de Llugo de Llanera”, fue publicado en 1993 en una revista de Barcelona. La denomina lápida o losa esculpida y la data entre los siglos VI y VII.

El último y reciente estudio, publicado en el nº7 de la revista Perxuraos de Llanera en julio pasado, está firmado por el catedrático de Arqueología Antigua y Medieval de la Universidad de Oviedo, el leonés que accedió hace poco a la cátedra, José Avelino Gutiérrez. Califica la pieza como cancel de una iglesia altomedieval y la sitúa en los siglos IX-X, en tiempos del Regnum Asturorum. Da la impresión que este estudio, estudiado a su vez detenidamente, respira encubiertamente un aire pro carbayonista.

Lo hasta aquí narrado da a entender que en la campaña de 1981 (y, por extensión, en todas las anteriores; y, además, en todas las siguientes, las de Fernández Ochoa de 1989 a 1995) se consideró a Lugo de Llanera como un lugar indigno y despreciable para albergar el Lucus Asturum de Ptolomeo, que ‘mentes lúcidas’ pro carbayonas solo quieren para la heroico-franquista Oviedo.

¿Podrán desmontar las excavaciones científicas de septiembre la conspiración docta contra Lucus-Lugo de los que excavaron en el sitio equivocado, y sus intépretes posteriores? Deseo que sí, si no se convierte esta nueva campaña en negocio exclusivo por parte de los que van a investigar ahora.