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"desdemiventana" Olor a café

Publicado el 14/07/2020
El tapin "desdemiventana"   Olor a café

Olor a café

La vida hacía que el año tuviese menos meses para mí, solo pensar en tener que quedarme en casa tantas semanas, me hacía sentir rotas mis alas de libertad. Yo, que mis mañanas comenzaban con el sonido del despertador y una ducha rápida, que mi día a día era una carrera continua. Enganchado a las redes continuamente, esas redes que decían que la tecnología nos separaba y en estos duros instantes no ha hecho más que acercarnos. Y tuviste que llegar tú, así, de imprevisto, recordándonos que la vida no se debe planear. Que debemos disfrutar del hoy y no morir por las preocupaciones del mañana, porque mañana tal vez nunca llegue, y porque hoy puedes darte cuenta de que el ayer ya pasó. Enseñándonos que debemos saltar y arriesgarnos, no guardar un abrazo para después.

 

Nuestro miedo y nuestra necesidad de protegernos dentro de  nuestra casa, hizo que la naturaleza despertase de nuevo. Los pájaros volvieron a volar libres, los peces nadaron cerca de la orilla, las palomas caminaron sin miedo a ser asustadas, podía sentirse el cacareo de las gallinas, los árboles crecían libres… La calle de nuevo huele a fresco, a aire nuevo. El ser humano tuvo que ser asustado para que la naturaleza pudiese respirar de nuevo, y es que hay que aprender que nosotros no somos dueños de nada, estamos solo de paso.  Creo firmemente que has llegado para darnos fuerte, para hacernos pensar, para ser más humildes, más empáticos; para demostrarnos que a pesar de todo aquí estamos, con fuerza, deseando tomar ese café pendiente con un amigo o dar un beso perdido. Llegaste para frenar nuestro tiempo, porque estábamos pasando por la vida demasiado deprisa. Nos vas a dejar miles de cicatrices, tantas como vidas te has llevado, pero, a cambio, has sacado nuestro corazón de la caja de cartón del fondo de un armario, donde lo teníamos escondido. Llegaste para unirnos a todos en la lejanía desde nuestra ventana puesto que nunca estuvimos tan lejos unos de otros y a la vez desprendimos tanta calidez. Uniéndonos cada día a las ocho en punto en nuestra ventana; pudiendo conocernos desde nuestros balcones; fijándonos en nuestros vecinos, a  los que hasta entonces no habíamos prestado ni un minuto de nuestro tiempo; fijándonos en cada ventana e imaginando cada vida tras sus cristales; viendo niños felices bailando al son de la música, sintiéndose libres a pesar del confinamiento, personas que pasaban el día en soledad, tal vez con la compañía del televisor y las llamadas de teléfono de su familia para preocuparse por ellos, los mismos que al salir al balcón nos regalaban sus sonrisas.

 

Y en uno de esos balcones estabas tú, sola, con una taza de café entre tus manos al igual que yo. Cruzamos nuestras miradas y nos regalamos una sonrisa. Desde el día que te descubrí, reconozco que salía al balcón a aplaudir aún con más énfasis. Hemos pasado días de miedo, de angustia, pero hoy ya estamos en el final de la pesadilla. Hoy podemos empezar a salir de nuevo, volver a nuestras vidas. Tengo que decir que queda en mí un poquito de tristeza porque ya no te veré cada día, a las ocho, compartiendo café en la distancia. Sin embargo,  aquí estoy en tu puerta, con un café en cada mano, preguntándote si hoy lo tomamos juntos. Me respondes con una sonrisa y estirando tu brazo hacia el café. Hoy volvemos a ver el brillo de las estrellas y podemos disfrutar de un nuevo amanecer tras la tormenta.

Autor

Rdc