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"desdemiventana" Vivir en un quinto tiene sus ventajas

Publicado el 03/06/2020
El tapin "desdemiventana"   Vivir en un quinto tiene sus ventajas

Vivir en un quinto tiene sus ventajas

Vivir en un quinto piso tiene sus ventajas. Desde mi ventana puedo ver bastantes más cosas que mis vecinos de pisos inferiores, lo que es un privilegio en estos días de confinamiento forzoso en casa. No tanto como disponer de un jardín o vivir en una casa de campo, pero algo es algo.

El paisaje que contemplo, tiene su encanto. Tengo delante El Parque. Ese que tanta polémica generó hace años y al que, afortunadamente, no arrancaron el resto de los árboles.

Me gustan los árboles. El arquitecto que lo diseñó los colocó con mucho gusto, con encanto y a la vez, con funcionalidad. La fila de vegetación que forman los cedros y abetos, nos separa del ruido del tráfico que se percibe muy atenuado. Y en otoño, cuando pasen unos meses, el ginkgo que está en medio de ellos, contrastará con los bellos tonos amarillos y naranjas de sus hojas frente a las siempre verdes de sus vecinas coníferas.

Contemplo desde mi ventana, los cedros y los abetos, los de más porte de todo el parque, a la misma altura de su cima. Han ido creciendo en estos años, yo siempre en el quinto piso, y ellos, al final, me han alcanzado. En poco tiempo, serán más altos que mi piso.

Me he pasado muchas noches de los últimos veranos hablando con ellos en silencio, sin que nadie más nos oyera. Cuando la tristeza me invadía, cosa que ocurría demasiado a menudo, ellos seguían allí, acompañándome y susurrándome al oído.

Siempre envidié su firmeza. Su capacidad de resistir en pie. Yo soy más débil y este confinamiento está alterándome más de la cuenta. Desde que empezó, apenas he salido de casa en dos o tres ocasiones. Una vez por semana a por el pan, algo de fruta y poco más. No charlo con mis vecinos como cuando salía a pasear por las mañanas, desde que me jubilé. No voy al fisio que tanto alivia mis dolores de espalda, ni a mi terapeuta que tan buenos consejos me da. Sólo tengo la televisión y la lectura que cada vez me entretienen menos.

No todo es malo con esto del confinamiento. Apenas hay tráfico y eso debe de notarse en la contaminación, porque en los días de sol que hubo días atrás, desde la otra ventana de mi casa, podía ver perfectamente los montes de la Sierra Blimea y un trozo pequeño de los Picos de Europa, el resto me los tapa el edificio. Han sido días luminosos, con esa luz especial de los días claros después de la lluvia en primavera. Llanera se veía preciosa, como debía de ser antes de que la maltratáramos tanto como lo hemos hecho.

¡Cuánto debemos aprender de esta epidemia! La Tierra nos está avisando, estamos pasando de ser una parte de ella, una especie de sistema nervioso del planeta a un auténtico tumor que le está haciendo daño. Y me temo que ella se está, simplemente defendiendo.

Vivir en un quinto tiene sus ventajas. La última que va a tener para mí, es la seguridad de que, cuando llegue a la acera, ahora que estoy cayendo desde el balcón del quinto piso del que me he tirado, el golpe me habrá matado en un instante y todo habrá terminado.