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Marita González Campo, su labor fue pura vocación

La enfermera y comadrona, Marita González Campo, ha sido galardonada con la VII Mención Gorfolí-Santufirme

Publicado el 03/05/2020
El tapin Marita González Campo, su labor fue pura vocación Marita González Campo

Marita González Campo, su labor fue pura vocación

“Desde pequeña me ha encantado, cuando mi madre iba a ver a algún familiar al hospital tenía que llevarme con ella, mientras que mis hermanas iban para otro lado, yo siempre quería ir con ella porque es una cosa que siempre me llamó la atención desde pequeña”

“Estuve una temporada de matrona de la Seguridad Social en el concejo, pero decidí dejarlo. En la Seguridad Social te daban unas cartillas maternales por parto y nos daban por ella 66 pesetas, pero si estabas un día o dos con el parto y al final había que ingresar a la madre te daban la mitad 33 pesetas, pero tu al ingresar a la parturienta tenías que entregar la cartilla y ya no podías asistir el parto y encima nunca me pagaron ninguna de las que tuve que ingresar”

Hubo días en los que tuve 4 o 5 partos, iba y venía cada uno de los domicilios. El día que nació la hija mayor de Tinina tuve cuatro partos, iba corriendo de un lado para otro a la que más rápido estuviera lista”

La enfermera y comadrona, Marita González Campo, ha sido galardonada con la VII Mención Gorfolí-Santufirme que entrega el periódico El Tapín. La novedad de este año es que se convocó un jurado formado por los anteriores premiados, entre los que se encontraban: Isabel Lorenzo, en nombre de Cáritas de Llanera, Jorge Ignacio González por parte de Caja Rural, el matrimonio de Severies Luis y Elena, Bautista Rodríguez en nombre de la Asociación Campamento Parroquial de Santa María de Ordás, Luis Ángel González Granda y Juan Majada Majada. Este jurado aprobó por unanimidad el que fuera Marita la galardonada en esta nueva edición.

Pero además de este homenaje, en el pleno ordinario del mes de marzo en el Ayuntamiento de Llanera, se aprobó por unanimidad nombrar una de las nuevas calles del concejo, que se abra en Posada, como Marita González Campo, “considero que no lo merezco, me quedé un poco asustada cuando me lo dijeron, porque me parece que no lo merezco, pienso que no hice nada del otro mundo”, comentó.

 Marita nació en Oviedo, en el barrio de la Tenderina, y tuvo cinco hermanos, cuatro mujeres y un hombre, “vinimos para Posada de Llanera cuando yo tenía 8 años. Estudié en Oviedo, en el Instituto Primero y después realicé en el hospital mis estudios de ATS y de matrona. Nos teníamos que ir a examinar a Valladolid, porque aquí no había facultad de Medicina”, apuntó. En 1950 acabó de estudiar y enseguida comenzó a trabajar, primero estuvo unos meses en la Gota de Leche en Gijón, porque en el Hospital General veías muy de vez en cuando un parto y no coincidían nunca por la mañana, que era cuando ella estaba trabajando. “Acababas la carrera y no tenías prácticas en el Hospital General, por lo que decidí irme a la Gota de Leche y allí empecé a asistir partos y cogí la experiencia que necesitaba”, comentó.

La comadrona confesó que lo suyo fue pura vocación, “desde pequeña me ha encantado, cuando mi madre iba a ver a algún familiar al hospital tenía que llevarme con ella, mientras que mis hermanas iban para otro lado, yo siempre quería ir con ella porque es una cosa que siempre me llamó la atención desde pequeña”, explicó. “Nadie de mi familia se había dedicado a trabajar en el ámbito de la medicina, aunque ahora mi nueva es enfermera y mi nieta es médico, acabó el MIR y esta pendiente de la especialidad”, comentó.

Marita aseguró que sus pasos en Posada comenzaron con el doctor Morís, “estuve una temporada de matrona de la Seguridad Social en el concejo, pero decidí dejarlo. En la Seguridad Social te daban unas cartillas maternales por parto y nos daban por ella 66 pesetas, pero si estabas un día o dos con el parto y al final había que ingresar a la madre te daban la mitad 33 pesetas, pero tu al ingresar a la parturienta tenías que entregar la cartilla y ya no podías asistir el parto y encima nunca me pagaron ninguna de las que tuve que ingresar”, afirmó.

Después lo dejó y comenzó a hacerlo de manera particular en Llanera, “nunca esperé que tanta gente me llamara para atender sus partos. Me solían avisar las parturientas de la fecha en la que salían de cuentas, cuando empecé en la Residencia, después de dejar de ser comadrona en Llanera todavía asistí dos partos, porque me habían avisado antes y no quería dejarlas. Cuando empezaban con los síntomas me llamaban”, relató.

La comadrona aseguró que en aquellos años no se podía ingresar a las mujeres, “cuando me llamaban cogía mi maletín con guantes, bata, instrumental y medicación. Primero iba en bicicleta, después en moto y en coche. Salí en varias ocasiones de Llanera, atendí un parto en Las Caldas, también a La Corredoria y en Oviedo, por el otro lado llegué a la Abadía de Cenero en Gijón y a Villalegre. Los de fuera de Llanera los realicé porque eran amistades o porque algo me vinculaba a ellos, porque mi labor principal fue en Llanera”, explicó.

Marita recordó que le tocaron varios partos gemelares de niño y niña, “eran los que más me gustaban, porque era una emoción. Cuando iba no sabía que eran dos niños los que iban a nacer, lo veía cuando la auscultaba. Me acuerdo que en Posada me tocó asistir un parto gemelar y el matrimonio ya tenía una niña, el padre quería a toda costa un niño y nació primero la niña y se quedó muy decepcionado, pero le dije: “no te preocupes porque ahora viene el niño” y así fue por coincidencia”, comentó.

La comadrona aseguró que alguno de los partos si se le complicaron, pero en esas ocasiones llamaba al médico. “Me acuerdo que en una de las ocasiones me vinieron a llamar yo iba todavía en bicicleta, era en Brañes, y a mitad de camino me dijeron que diera la vuelta porque ya había nacido y que no me necesitaban, di la vuelta y cuando estaba apunto de acostarme me avisaron de que la mujer tenía una hemorragia muy grande y eso si que es peligros. El problema era que la placenta no había salido y llamé a los médicos, porque ya no era el parto en sí eran cuestiones médicas. Al año siguiente tuvo otro, pero al primer síntoma me avisó. Siempre había complicaciones en algunos partos, pero tuve mucha suerte y las resolví”, afirmó.

Después de nacer los niños se quedaban en casa y Marita los iba a ver, para saber como continuaban, además de realizar las curas oportunas a la madre. “En maternidad he de confesar que preferiría que me asistiera una matrona a un médico, pero no es lo mismo trabajar en un hospital que a nivel particular acudiendo a las casas, porque allí estás más protegida si pasa algo. Tuve mucha suerte”, reconoció.

Marita aseguró que no sólo fueron duros alguno de los partos, sino en algunas ocasiones llega a los domicilios, “recuerdo que un día me tocó ir a Brañes con una gran nevada y fueron a buscarme con dos caballos, uno para la persona que me lo traía y otro para mí, pero me negué a montarme fui hasta San Cucao en moto y después fui andando. Él hombre que me vino a buscar en caballo cayó varias veces, pero tenía práctica y no le pasó nada, llegué y nada más llegar nació y como eran las cuatro de la madrugada, me invitaron a quedarme allí y me acosté allí y por la mañana vine”, afirmó.

La comadrona explicó que había semana que tenías muchísimos y otras en las que no había nada, “la luna influye, porque el día que cambiaba sabía que iba a haber algún parto. En aquella época se tenían muchos hijos, no uno ni dos. Hacía un papel para asentar a los niños en el juzgado. Hubo días en los que tuve 4 o 5 partos, iba y venía cada uno de los domicilios. El día que nació la hija mayor de Tinina tuve cuatro partos, iba corriendo de un lado para otro a la que más rápido estuviera lista”, relató.

Marita estuvo como comadrona particular en Llanera 17 años, del 50 al 67, que fue en junio del 67 cuando fue a trabajar a la Residencia y allí no trabajó como comadrona, “primer estuve en planta de enfermera y después 25 años en quirófano. Pero allí hubiera tenido que quedarme en maternidad, porque hubo una temporada en la que todas las matronas se pusieron enfermas y tuvieron que llamar a matronas de fuera de la Residencia. Teníamos una superiora que se llamaba Sor María Luisa y cuando vinieron a trabajar después de la baja le dijeron que porque llamaba a personas de fuera si las tenía dentro, por mí y por otra, y fue a verme la superiora, me preguntó y le dije que había sido matrona rural durante 17 años  me dijo que por esa vez pasaba y después la destinaron a León y me salvé por eso, sino hubiera estado de matrona”, recordó. Marita confesó que tanto el ser matrona como estar en el quirófano siempre le encantó.