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El llanerense Chema Martínez participa en la edición número 13 del Anuario La Piedriquina, que está previsto que se presente el 17 de abril en la Casa de Cultura de Posada de Llanera

Publicado el 23/03/2020
El tapin El llanerense Chema Martínez participa en la edición número 13 del Anuario La Piedriquina, que está previsto que se presente el 17 de abril en la Casa de Cultura de Posada de Llanera

El 1 de abril estaba prevista la presentación del Anuario número 13 de La Piedriquina en La Nueva España de Oviedo, que ha sido suspendido o aplazado; y el 17 de abril en la Casa de Cultura de Posada está prevista a no ser que no pueda realizarse por la ampliación del estado de alarma. En todo caso, ya está a la venta en la Librería Parquesol de Posada de Llanera.

En él colabora, el llanerense Chema Martínez con un trabajo "Lecheros y lecheras en la parroquia de San Cucufate”. Se trata de una breve reseña biográfica de los 47 lecheros que en la parroquia de San Cucao, ha identificado con nombres, apellidos y años de actividad, así como una descripción general del desarrollo de la actividad de recogida de la leche por las caserías, su transporte y venta domiciliaria a prestigiosos negocios en Oviedo, todo ello desde la década de 1920 hasta la de 1980, cuando las exigencias sanitarias cada vez más rigurosas llevaron a la extinción de esta figura y se consolidaron las grandes industrias de recogida y transformación.

La investigación fue boca a boca, pues este colectivo no generó documentación archivística alguna; en los padrones municipales de Llanera solo aparece una persona con profesión de lechera, a principios del siglo XX en Lugo de Llanera. Ello demuestra que ser lechera o lechero, era una tarea más de las agrícolas-ganaderas, sin llegar a la categoría de oficio específico.

Hasta que en los últimos años al camión o furgoneta se generalizó para el transporte a Oviedo, el burro, el caballo y la xarré de casa, la isocarro o una simple Vespa o Lambretta eran los medios de transporte habituales. Cruzar el Naranco esquivando los cadáveres que dejaban los enfrentamientos de la Guerra, fue alguna de las desagradables experiencias que vivieron estas gentes. Tratar de esquivar los controles en los fielatos de acceso a la capital, era tarea habitual, como lo eran las sanciones que, por falta de calidad de la leche, no tener la matrícula al corriente, etc., imponían los inspectores municipales de Oviedo o incluso el decomiso de la mercancía y tener que entregarla a la beneficencia.

Aún se recuerda el comentario que sobre leche aguada hacía un popular sacerdote ovetense, quien comentaba que los lecheros-lecheras y los sacerdotes tenían en común el hecho de que “cuantos más bautizos, más dinero pal caxón”.

Fue un oficio de suma importancia para la economía de las familias campesinas. Aunque hoy pueda parecer anecdótico, algunos de los entrevistados, hijos de los lecheros y lecheras, pudieron estudiar una carrera gracias a los réditos económicos de la actividad, aparte de mejorar la vivienda y el nivel de vida en general, o comprar la primera televisión de algún pueblo, por supuesto, en blanco y negro. Esta gente también desarrolló una tarea de suma importancia para los pueblos, como es la de transportar mercancías e incluso alimentos para personas y animales desde la ciudad a las caserías e incluso para algunos comercios, y viceversa, llevando productos del campo a la ciudad.

 

Autor

Redacción