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La Inmaculada de Robledo

Publicado el 16/01/2019
El tapin La Inmaculada de Robledo

El pasado día ocho de este mes de diciembre, un año más, se celebró en la pequeña y coqueta capilla de la Concepción de Robledo, la festividad de la Inmaculada. Un nutrido grupo de vecinos acudieron a la cita con la Eucaristía, que desde tiempo inmemorial tiene lugar cada año en la citada capilla, en esta ocasión, oficiada por primera vez por el nuevo párroco en Lugo de Llanera, José Antonio Bande. Pienso que es buen momento esta tradicional celebración para rememorar algunos detalles significativos relacionados con esta Capilla.

 Es la familia López-Coto, apellido ilustre de la zona y con vivienda a pocos metros de la ermita y en cuyas propiedades se erige ésta, a quienes se atribuye la construcción de la ermita y quienes, tanto antes como ahora, promueven la celebración, el mantenimiento del edificio, la ornamentación precisa incluidos los enseres litúrgicos y la vestimenta eclesiástica para la Misa de Fiesta, aunque este 2018, el párroco Bande prefirió usar su propia vestimenta.

 Los López-Coto están profundamente ligados a Llanera, pues ya en 1859 y hasta 1861 Antonio López Coto fue alcalde de nuestro Concejo y otros muchos vástagos gozaron de relevancia social como destacados profesionales liberales antes de la Guerra Civil. En sus propiedades además de esta capilla de la Concepción, también está y a muy poca distancia la de San Antón, considerada como “patrimonio” de la familia, e incluso hay quien menciona otra ya desaparecida en la parroquia de Ables. Casildo López Martínez, ya en este siglo, fue el promotor de sensibles mejoras para Robledo, entre las que se encuentra la construcción de la escuela del pueblo en 1930, hoy día albergue municipal que quizá mereciera llevar el nombre del promotor del edificio. Casildo fue el primer hijo predilecto que tuvo Llanera, con negocios en la localidad de Camagüey de Cuba localidad ésta donde aún perdura su nombre en la calle principal de la ciudad, pero no tiene hoy día ningún reconocimiento público en nuestro Municipio. Murió en Cuba en 1935 y está enterrado en el panteón de la familia de su mujer cubana, Carmen Machado Batista, pero una placa en la capilla de su pueblo natal, a la izquierda del retablo, le recuerda como el restaurador de la misma allá por la década de 1930.  

 Esta sencilla ermita orientada al Sur, se levanta en una pequeña ladera lindando con la carretera vecinal que une Mundín con Robledo. La finca que la acoge está cercada por sus partes norte, oeste y sur con un muro de piedra de considerable altura, escalonado en su tramo oeste, tramo donde un hueco remarcado con pilares de ladrillo terminados en forma piramidal aloja la portilla de hierro. En cada ángulo de esta pared hay dos texos de considerable altura que confieren un bucólico aspecto a la zona. Cabría pensar que la pared cercaría en su totalidad el solar de la capilla, aunque no se recuerde la existencia de su tramo este.

 La ermita, quizá del siglo XVII, de reducidas dimensiones y planta prácticamente cuadrada, totalmente cubierta de revoco y pintada de blanco aunque el encalado haya desaparecido a consecuencia de la climatología en algunas zonas, dispone de un pequeño pórtico, desde el que, a través de puerta de madera, recercada con sillares de piedra y coronada por un semicírculo enmarcando las siglas JHS, se accede al interior. Una rudimentaria estrella, a modo de trisquel en el centro de la puerta, permite atisbar el retablo. La espadaña en piedra, erigida prácticamente sobre el muro sur, y ligeramente labrada en su parte superior, sirve de soporte a una pequeña cruz con los cuatro brazos de igual tamaño, también en piedra. En la pared este, un hueco simulando una aspillera por sus reducidas dimensiones, es la única ventana de la capilla.

 El interior revocado también en blanco, tiene como mobiliario un par de robustos bancos de madera, la techumbre de este mismo material, y haciendo juego con la cubierta exterior, a dos aguas. El suelo esta enlosado, y a la derecha nada más entrar, se ubica un confesionario. En la misma zona, un hueco en la pared acogía la “virgen gótica” como allí se la conoce, pequeña imagen de madera restaurada hace algunos años por especialistas que no dudaron en adjudicarla a dicho estilo artístico y que se saca del habitual depósito de seguridad donde se guarda, para exponerla en el centro del altar en la festividad que comentamos. El retablo en madera es de considerables proporciones y alcanza el techo interior de la capilla. Tiene tres franjas verticales, coronadas por sencillos baldaquinos ligeramente tallados los dos laterales, y un tanto más abundante en el paño central. Este es de mayor tamaño y altura que los laterales y todos ellos se apoyan sobre la mesa-altar, también en madera y de estilizada factura.

 Como es lógico, una Inmaculada de considerables dimensiones ocupa el centro del retablo, teniendo a sus lados el Sagrado Corazón de Jesús y otra Inmaculada, de idéntica factura a la principal, pero en este caso con el manto en color veis y profusamente dibujado; todas las imágenes son de escayola y esta segunda Inmaculada fue donación de un vecino de Robledo, que, tras adquirirla del oratorio de un palacio de Siero, consideró que su mejor ubicación era la actual.

 Si a la izquierda del altar, como ya dije, una placa de mármol blanco recuerda que fue Casildo el restaurador, en el lado opuesto, una diferente también en mármol blanco indica que allí están los restos de otra Coto, en este caso Luzdivina. Curiosamente, este pequeño templo no sufrió las consecuencias de la Guerra Civil, al contrario del cercano de San Antón, donde la imagen del Santo fue fusilada y arrojada a un bardial. Hay quien atribuye esta favorable circunstancia al buen recuerdo de las obras públicas del benefactor Casildo en el pueblo.

 La festividad del 8 de diciembre no está ligada en Robledo a jornadas gastronómicas o festividad profana alguna, al contrario que la de San Antón. No obstante, cuando la escuela de Robledo estaba en funcionamiento, los alumnos de la misma, capitaneados por su maestra Laura Cortés acudían a la misa de fiesta donde recitaban sencillos poemas en honor de la Virgen a finales de la década de 1940 y comienzos de la de 1950.