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Florentina Álvarez, toda una vida dedicada a la familia y la casería

“desde que me casé con 19 años nunca he vuelto a mi localidad natal, aunque me gustaría ir por lo menos a disfrutar de las fiestas”

Publicado el 03/12/2018
El tapin Florentina Álvarez, toda una vida dedicada a la familia y la casería

Florentina Álvarez Menéndez es natural de San Adriano y tiene 72 años, pero hace 53 años que reside en el Villar, en la parroquia de Villardeveyo en Llanera, “desde que me casé con 19 años nunca he vuelto a mi localidad natal, aunque me gustaría ir por lo menos a disfrutar de las fiestas”, comentó. 

Su padre nació en Bayas y su madre en Naveces, aunque vivieron en San Adriano,  en Bayas, Naveces, Cancienes y en Gijón, “una cosa que a mí no me gusta nada el ir cambiando de casa, hay gente que cada dos por tres cambia la disposición de los muebles, pero yo eso no lo soporto”. Eran cuatro hermanos, aunque uno falleció.

Lo que llevó a Florentina a residir en Villar fue el que conoció a su marido, Dimas, “detrás de la montaña de Villar hay una casa en la que pone Corvera de Asturias, pues allí vivía mi tía y vine a vivir con ella y le conocí cuando estaba allí, pero después marché a San Adriano y el iba en bicicleta a cortejar, su padre le decía que si no topaba una moza por el camín, tardaba unas dos horas yendo rápido. Esa situación duró bastante tiempo y luego compró moto y era más descansado”, apuntó.

Dimas era natural del Villar y su familia vivió siempre allí. Se casaron en 1965 y tuvieron cuatro hijos, dos viven en Cancienes, otra en Soto de Llanera y otro en Lugo de Llanera, tiene tres nietos y un biznieto. “Mi vida me fue bien, me dediqué a cuidar de los neños y a la casería, teníamos vacas, gochos, gallinas y un huerto. Dimas trabajaba en Ensidesa y yo me encargaba de la casa”, explicó.

Cuando se casaron vivieron en la casa con los suegros, a los que ayudaba en la casería con los animales. Cuando murió su suegro se levantaba a las 7 de la mañana para ir a catar las vacas y después llevaba a los niños al colegio. “En esta casa siempre hubo ganado de leche y la vendían, que era de lo que vivían mis suegros. Le dio un infarto a mi suegro y tuvo que retirarse y dudaba entre venderlas o que se las quedará Dimas, aguantamos hasta que vimos que no era rentable. Pero yo un día le compré una vaca al marido de mí vecina, porque no me gusta la leche comprada, después también la vendí”, comentó.

Florentina recordó que antes había mucha más convivencia entre los vecinos, ya que todos colaboraban una vez al mes en la sextaferia limpiando los caminos de pueblo, además por verano se iba a la hierba y se ayudaban los unos a los otros. “Eso lo veo muy bien, aquí seguimos ayudándonos los unos a los otros, y no hay mejor cosas, ¿Quién es tu hermano? El vecino más cercano”, afirmó.

La vecina aseguró que la vida en los pueblos cambió mucho, ya que están más cuidados, no hay ganado en ningún sitio, “si la tierra no se siembra y no hay animales, no sé qué va a ser de ella. La tierra es la que da la comida sea donde sea. Hasta hace poco tuve la huerta y ahora tengo un cachín en el que siembro las berzas para mí y así no tengo que comprarlas. Hasta hace dos años plantaba ajos y cebollas, pero ahora no tengo bien la pierna desde una caída que sufrí en casa y mis hijos me recomendaron que no volviera a plantar”, apuntó.

Álvarez aseguró que los pueblos se están despoblando un ejemplo es el Villar, que son pocas casas y algunas están deshabitadas. Recordó que antes iban a vender el pan y el pescado al pueblo, algo que ya no se hace, por eso una vez al mes va a hacer la compra. La carne no la compraban porque mataban ellos en casa.

 Florentina reconoció que le costó mucho dejar de lado la huerta y las plantas que tenía, “pero cuando no puedes no queda otra. Cuando tengo que hacer algún recado o ir al médico me lleva mi hija o la vecina, Josefina”, explicó.

Álvarez fue una de las primeras socias de la Asociación Mujeres Rurales de Villabona, “ya iba a manualidades antes de que estuviera Noelia Uría, el que acuda es todo obra de Josefina, que me lo propuso”, aseguró. Sus hobbies son las manualidades, coser, bordar, aunque asegura que ahora ya casi no ve, antes le gustaba mucho andar en verano después de cenar y en invierno por las tardes antes de que se fuera el sol y recorría tres kilómetros.

Florentina quiere ir a alguna excursión de la Asociación, pero aseguró que tiene que ser una de ir y venir en el día, porque no puede caminar en exceso, “el otro día acudí a la comida en Cudillero y me olvidé de la muleta y me tuvieron que ayudar las amigas, me cansé sin la muleta, además con ella voy más segura”, recordó.

Se maneja bastante bien con las nuevas tecnologías, en concreto con el uso del móvil, ya que emplea a diario el WhatsApp para hablar con sus hijos y los familiares, “el otro día aprendí a hacer una llamada para hablar con mi nietina que tiene más de un año, nunca lo había hecho hasta ahora. También uso el Facebook, aunque a veces tengo que decirles a mis hijos que me lo arreglen, porque me desapareció y era que lo había borrado del móvil. Lo que tengo mucho miedo es que me salgan cosas que te cobran y por eso si dudo no toco nada. Lo único para lo que quiero el móvil es para llamar, que me llamen, el WhatsApp y mirar el Facebook”, apuntó.