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Gallo se despidió de sus feligreses entre emotivos hasta luego

Publicado el 24/09/2018
El tapin Gallo se despidió de sus feligreses entre emotivos hasta luego

A las ocho de la tarde del sábado ante unos 200 vecinos, colaboradores y amigos  se celebró la misa de acción de gracias por los 30 años de labor pastoral de Don Ignacio Gallo, en la Parroquia de Santa María de Lugo de Llanera y los 20 años en la Parroquia de San Vicente de Villaperez.

Don Ignacio acompañado de los dos sacerdotes que le van a suceder Don José Julio Velasco y José Antonio Bande y los párrocos Don Juan de Pruvia y Don Valentín de Santa Cruz, además del Rector del Seminario Don Sergio Martínez se celebró una emotiva y emocionada misa en la que los vecinos elogiaron sus 30 años como buen vecino y buen pastor, destacando su humildad, sencillez, cercanía y preocupación por los más pobres.

Don Ignacio Gallo a sus 83 años de edad, fue ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1961 y ejerció su ministerio en Lugo de Llanera en los últimos 30 años, pasando ahora a estar adscrito a la Parroquia de San Francisco Javier en la Tenderina de Oviedo.

 Tras la celebración de la Eucaristía el homenaje continuó en el Hotel Restaurante de Silvota ,con una cena a la que asistieron más de un centenar de vecinos y amigos, donde tras una amena y distendida cena al final se le entregaron tres regalos, un reloj de pared grabado con una dedicatoria recordando el día, un llavero de plata grabado con la imagen de la Virgen de Lugo de Llanera cuya devoción fue restaurada por él tras años de olvido y un reloj de pulsera grabado con la fecha de la efeméride celebrada y sus 30 años de dedicación a sus parroquias y vecinos. En la despedida final emocionado agradeció la presencia de todos y las palabras que le fueron dedicando, despidiéndose con un hasta luego.

Despedida de vecinos y colaboradores

“Todo pasa, todo queda, pero lo nuestro es pasar…” que escribiera el poeta; y nunca mejor aplicado este texto que a la vida de un sacerdote, a la vida de un “cura” como familiarmente les conocemos: “Lo suyo es pasar” de un lado a otro, cambiando constantemente de destino, con las maletas “siempre prestas” porque su opción en la vida ha sido la de “servir” A Dios, a nuestro Dios, y a los hombres, a nosotros. Por eso, para mí, no hay labor más noble y desinteresada que la de un “cura”. Un “buen pastor” un pastor según el corazón de Dios, es el Tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia, y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina, así definía el Cura de Ars a un sacerdote.

Alguien me podrá decir que también los hay que dejan mucho que desear, que si son tal o que si son cual… y sí, es verdad, son hombres, como el resto de los hombres, con sus imperfecciones y sus características personales, pero… ¡ son tan poquitos aquellos que hacen daño a la Iglesia ! y sin embargo.. ¡Son tantísimos los buenos, los que están entregados en cuerpo y alma a los demás, a ayudar…pero claro, esos pasan desapercibidos, esos no son noticia en prensa, esos “no venden”, esos no producen “morbo”. A pesar de eso, ahí están, siempre dispuestos a ayudar, siempre “con la maleta hecha” siempre….

Y hoy ha sido el día en que nos ha tocado despedir como párroco a nuestro cura Don Ignacio Gallo, que llegara a nuestro pueblo hace ya 30 años, un buen hombre que se ha ganado la estima y la amistad de la mayoría de las gentes de por aquí. Un hombre sencillo que desde que fue ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1961, tuvo muy claro que un sacerdote, no es sacerdote para sí mismo, sino para los demás, con humildad, sencillez, entrega plena y un estilo de vida simple y esencial, quien habiendo aceptado no disponer de sí, entrega cada mañana su tiempo al Señor para dejarse encontrar con la gente. Y le hemos querido homenajear en nuestro templo, con nuestra Iglesia- comunidad de Santa María de Lugo de Llanera y San Vicente de Villapérez, junto al resto de parroquias y compañeros sacerdotes del arciprestazgo.

Han pasado 30 años desde que le recibimos y hoy llega la hora de la despedida… está claro que en el mundo en el cual vivimos “siempre hay un principio, pero también hay un final”, y que la vida, nuestra vida, está hecha de finales y comienzos, muchos a lo largo de ella Usted ha sido testigo directo de ellos, los bautizos de nuestros hijos, nuestras bodas, los funerales de nuestros padres, esposo/a, hijos, abuelos o amigos. Hoy también es uno de esos finales… mañana será un nuevo comienzo para Ud, y por eso hemos querido hacerle este pequeño y sencillo homenaje, sencillo porque sabemos que a Ud. le gustan las cosas sencillas, pero un homenaje merecido, para que cuando lo recuerde sepa que en Lugo de Llanera y en Villapérez tiene un montón de amigos en su “Iglesia” (con letras mayúsculas), amigos que no le van a olvidar, como tampoco hemos olvidado a los párrocos que le precedieron.

Pero como decíamos en la monición de entrada no queremos que nos recuerde con nostalgia, porque la nostalgia ata al pasado y enturbia el presente y el futuro, NO; queremos que nos recuerde con cariño, como nosotros a usted, con un corazón grande en el que cabe pasado, presente y futuro… y nunca se llena.

Es verdad que las despedidas siempre las hemos considerado como algo triste, porque las miramos desde el ángulo de lo que hemos perdido en lugar de hacerlo desde el de lo que hemos ganado: un amigo que se va, pero que se queda con nosotros. Usted ya tiene experiencia de lo que es despedirse, ustedes los sacerdotes, están siempre “con la maleta preparada”, sin llegar a echar raíces en ningún sitio…¿hay algo más desinteresado que el trabajo de un cura? Y cada vez que llega una despedida, seguro que se dejan un trocito de su corazón, pero de un corazón que es tan grande que jamás se termina. De Usted nos queda su humildad, su sencillez, su solidaridad e infinita preocupación por los más necesitados de nuestras dos comunidades parroquiales, valores que a muchos nos ha sabido transmitir e impregnar en nuestro corazón y calado en nuestros sentimientos, intentando imitar su ejemplo de por vida.

Y de nosotros, los que nos quedamos, también se nos va con usted un trozo de nuestro corazón… han sido 30 años y el “roce” hace amistad y más cuando ese roce es con buena gente como lo es usted. Pero como bien nos dijo Azucena al principio de la Eucaristía, nos tiene que quedar también corazón para abrirlo a quienes vienen a sustituirle, porque la Iglesia no es un sacerdote, la Iglesia es el Cuerpo de Cristo, todos aquellos que hemos depositado nuestra fe en Jesucristo para la salvación formamos la Iglesia, eso jamás debemos perderlo de vista; lo tenemos que tener en cuenta ya, y muy especialmente desde este momento, para ofrecer toda nuestra ayuda a quienes, seguro que llenos de ilusiones y de proyectos vienen a relevarle, todo en nombre de nuestro Señor Jesucristo. Toda celebración eucarística es una acción de gracias y hoy Señor, te queremos dar gracias por nuestro sacerdote Don Ignacio que durante 30 años ha estado con nosotros, él ha sido para nosotros un precioso regalo de tu parte.

Gracias SEÑOR, por este regalo que tantas veces no hemos sabido apreciar, desgastándose en el anonimato y la fidelidad del día a día, y cuyo testimonio de entrega hasta el sufrimiento y la enfermedad, nos ha animado a seguir su ejemplo, luchando en la vida diaria, para que esta comunidad parroquial, sea una comunidad viva y comprometida.

Gracias SEÑOR, por su ejemplo de solidaridad, humildad, sencillez y pobreza; que como pastor responsable, ha estado siempre a nuestro lado para guiarnos y acompañarnos. Su ejemplo, ha sido para nosotros una invitación para que anunciemos en nuestra familia, en nuestro entorno, en nuestro trabajo, y en nuestra comunidad, Tu Palabra sin complejos.

Gracias SEÑOR, por hacer que nuestro párroco Don Ignacio, nos haya acompañado en el camino espiritual de nuestra comunidad, porque con ello ha hecho posible que el fuego del apostolado haya estado siempre vivo en nuestra comunidad parroquial.

Gracias por su escucha, su silencio, su respeto y sus palabras de consejo, de ánimo y de consuelo. Gracias por haberle permitido trabajar por los más desfavorecidos y castigados por este mundo injusto en nuestras comunidades.

Gracias Don Ignacio, no estarás solo; y siempre te llevaremos en nuestro corazón, te recordaremos por tu sencillez y solidaridad, acercamiento a los demás y en particular de los más desfavorecidos. Te deseamos lo mejor en esta nueva vida que Dios te ha previsto. Muchas felicidades en nombre de tantos vecinos que han sentido tu labor en sus propias carnes y que te estarán eternamente agradecidos. Es el amigo NACHO una persona que su mano derecha no sabe lo que hace su izquierda.

Y termino ya…; con una preciosa frase de San Agustín muy apropiada y que resume sus 30 años de labor pastoral en Lugo de llanera y Villapérez. “Solo a pasos de humildad se sube a lo alto de los cielos”. Que Dios le Bendiga Don Ignacio.